viernes, 23 de abril de 2010

SEMINARIO DE HISTORIA POLÍTICA ARGENTINA




Este año la Argentina cumple doscientos años de su sueño colectivo inconcluso: la revolución de mayo.

Será una excusa notable para abrir lugares de encuentro entre distintas generaciones y repasar por qué vale la pena estar enamorados de algo que va mucho más allá de la camiseta de la selección de fútbol.

Por eso les ofrezco este seminario que lleva como título, “Historia política de la esperanza”.

Desde la investigación periodística hemos aprendido a vislumbrar aquellos proyectos encarnados en las mayorías populares y los factores de poder que siempre intentaron abortarlos.

Creo que es una propuesta dinámica y que, por sobre todo, entusiasma al público joven por esa gran necesidad de recuperar un sentido colectivo para la existencia en estos arrabales del mundo.

En lo particular es un desafío muy interesante llevar la discusión de la historia con formato de programa de televisión en vivo y trabajar, durante todo el año 2010, con esta perspectiva de volver a encontrarnos con los grandes ideales paridos por las mayorías argentinas.



A cargo de Carlos Del Frade, se llevará a cabo todos los viernes de mayo (7,14, 21 y 28) a las 20 hs. en la Biblioteca Popular Florentino Ameghino.

domingo, 18 de abril de 2010

Bicentenario



Por Carlos DelFrade
…Ved en el trono a la noble igualdad…Así dice el himno nacional. La canción que cada vez se canta con menos ganas. En las escuelas, en los actos, en la canchas…En ese verso está sintetizado el ideal, el sueño colectivo inconcluso de la Revolución de mayo de 1810: ver en el trono de la vida cotidiana a la noble igualdad.
Pero los pibes y las mayorías argentinas sienten, saben y comprueban que en la realidad esa idea fuerza no tiene mucho sentido.
Doscientos años después del inicio de aquella esperanza, el 70 por ciento de los trabajadores ganan menos de dos mil pesos mensuales y casi el 90 por ciento de los jubilados perciben menos de mil pesos mensuales. Están lejos, muy lejos del valor real de la canasta familiar que ronda los cuatro mil pesos.
Y mientras tanto, la multinacional Cargill –asentada en una maravillosa cintura cósmica que dibuja el río Paraná en las barrancas de Puerto General San Martín y sobre tierras que deberían ser cuidadas porque allí hay un monumento histórico que recuerda la batalla de Punta Quebracho- factura 38 mil pesos cada sesenta segundos.
En el trono de la vida cotidiana, entonces, no está lo noble igualdad.
Todo lo contrario. En el trono de la vida cotidiana rige la innoble desigualdad.
Por eso, quizás por eso, el himno se canta cada día con menos ganas en estos atribulados arrabales del mundo.
Sin embargo el presente y el futuro siguen abiertos.
Doscientos años atrás un puñado de menos de ciento setenta tipos cuya edad promedio no superaba los treinta y cinco años decidieron inventar un país. Una nueva nación sobre la faz del planeta. Y no solamente le pusieron un gobierno propio –el sentido político de aquel mayo de 1810- sino que decidieron contagiar el amor que sentían por palabras tales como igualdad, libertad e independencia a los habitantes de un pueblo que sabían que existía pero que no conocían.
Y allá fueron aquellos dirigentes que ya estaban “hechos” económicamente y que, sin embargo, apasionados por el proyecto, por el sueño colectivo de construir un país libre donde la igualdad estuviera en el trono de la vida cotidiana, abandonaron sus comodidades individuales y viajaron a pelear por hacer tangible y concreta la revolución.
Quedaron las cartas de hombres como Manuel Belgrano que decía que el objetivo de la revolución y la política es lograr “la felicidad del pueblo” y que para concretarla era preciso “conseguir la repartición de la riqueza” e ir en contra de las minorías del privilegio. Ese mismo Belgrano que cuando avanza hacia el interior profundo de las provincias describe a su ejército como un grupo de mil quinientos desesperados que no tienen en qué creer. Y que por lo tanto decide inventar algo, un símbolo donde vean que la cosa va en serio y entonces el 27 de febrero de 1812 crea la bandera. Doscientos años después hay mucha gente que no cree, que no tiene esperanzas, que precisar volver a enamorarse de ideales que trasciendan la suerte privada e individual.
Quizás por eso venga bien repasar el origen y desarrollo de aquella primera revolución, porque en su proyecto inconcluso está la invitación para protagonizar una segunda etapa que definitivamente haga realidad la consigna síntesis del himno de ver en el trono de la vida cotidiana a la noble igualdad.
Porque detrás de tanta falsificación histórica, es necesario descubrir en los textos de Mariano Moreno, del propio Belgrano, en los hechos de Artigas y San Martín, aquel amor que se continúa en cada uno de los integrantes de las mayorías.
Para ser protagonistas y no solamente comparsa de la historia. Para ser actores y no espectadores, consumidores consumidos de grandes empresas llamadas medios de comunicación que necesitan que los que son más se mantengan mirando los resultados de un país donde los negocios de pocos jamás tienen en cuenta las urgencias de los muchos.
Porque cuando Moreno escribe que es necesario “ir en contra de las riquezas acumuladas en pocas manos porque son perjudiciales al país”, porque esas concentraciones de dinero se transforman “en agua estancada que pudren las demás actividades de la vida”, está marcando un proyecto político que no solamente habla de lo imaginado en 1810 sino de lo necesario en 2010. Moreno pide “descontentar” a las grandes riquezas. Aquel primer secretario de la junta, aquel primer desaparecido de la historia –envenenado y arrojado al mar tal como hicieron con miles de militantes revolucionarios de los años setenta- pretende un gobierno, una política que subordine a las grandes riquezas, no que sea socia minoritaria de los permanentes dueños del país. Moreno dice que la revolución debe garantizar que un maestro gane lo mismo que el presidente. Ese espíritu de la revolución no prescribió. Está vivo en las necesidades de las mayorías del presente.
Doscientos años después es preciso recordar al gran líder popular de estas tierras, José Gervasio Artigas, aquel que hiciera verdad una forma de vivir que bien podría contrastar con los actuales y permanentes reclamos en torno a la inseguridad. Artigas estableció tres momentos de la revolución: “independencia, igualdad y seguridad”. No habrá seguridad si primero no se logra una política autónoma y se garantizar la igualdad. Después si, habrá seguridad. Ese Artigas no parece un fantasma del siglo diecinueve sino un referente del tercer milenio.
Bicentenario que debe pensar y repensar a San Martín. El hombre que más monumentos, bronce y nombres de calles, avenidas, plazas y pueblos tiene en la Argentina. Pero San Martín resulta un desconocido para los argentinos. Porque cuando fue gobernador en Cuyo, Capitán General en Chile y Protector del Perú, siempre estableció un primer decreto: prohibido emitir metálico para pagar compromisos con el extranjero. En buen romance: San Martín decidía no pagar jamás deudas externas hasta no saciar las deudas internas. Sería bueno en estos seis años que van desde el bicentenario de la revolución de mayo al de la independencia declarada en Tucumán, que cuando llegue el repetido 17 de agosto, cuando algún funcionario de ocasión diga la consabida y falsa frase de seguir el ejemplo de San Martín, alguien, cualquiera pueda decirle: “¿Y por qué no empezás vos no pagando la ilegítima deuda externa como hacía Don José?”.
En la discusión sobre lo ocurrido en estos doscientos años está la oportunidad de volver a enamorar a las mayorías argentinas de aquel proyecto inconcluso.
De transformar la vida de los espectadores en una lúcida pelea cotidiana por completar aquella revolución inconclusa.
Porque la identidad de un pueblo como la identidad de una persona no se define por la procedencia de su apellido sino por la conciencia de sus sueños y sus acciones por convertirlos en realidad.
En el palpitante recuerdo de mayo de 1810 descansa la historia política de la esperanza, esa que sirve para el presente, para el futuro y no para el pasado.
Esa esperanza que sirve para nuestro presente, para que nuestros hijos sientan que viven en un lugar donde la igualdad está en el trono de la existencia cotidiana.

viernes, 26 de marzo de 2010

24 de Marzo


Defender la empresa y la propiedad privada es el primer deber- dijo el general Ramón Genaro Díaz Bessone, ministro de Planeamiento de la dictadura, en octubre de 1977, en los salones de la Bolsa de Comercio de Rosario, mientras los dueños de casi todas las cosas aplaudían la declaración pública del ADN del golpe del 24 de marzo de un año antes. Nada de patria ni heroísmo: empresa y propiedad privada era el primer deber de los herederos de San Martín aquel que juró jamás desenvainar su espada para derramar sangre de hermanos.

Para lograr aquel “primer deber”, las fuerzas armadas y de seguridad, títeres macabros del poder económico, los verdaderos titiriteros; desaparecieron 30 mil personas en la Argentina. La mayoría de ellos -en casi un ochenta por ciento- trabajadores; la mayoría de ellos -en casi un setenta por ciento- jóvenes menores de treinta años. Las cifras son claras. Mataron para robar. Aniquilaron para construir una sociedad obediente que no discutiera los deseos de la empresa y la propiedad privada. Sangre y dinero, la síntesis del sistema.

Y una cifra más: entre 1975 y 1983, la deuda externa aumentó en 35 mil millones de dólares. Si se cruzan esos números con la cantidad de desaparecidos, aparece una revelación: por cada luminosa vida de una joven, de un joven trabajador con ideas revolucionarias, los proveedores de la muerte le dejaron una factura a la sociedad argentina de más de un millón de dólares por cada una de esas existencias solidarias y comprometidas. Mataron para robar.

Pero, ¿cómo eran aquellos pibes, aquellas muchachas?

Soñaban que en la tierra hecha de pan, trigo, carne y riquezas no haya una sola familia que no decidiera el futuro mejor para sus hijos; creían que todos tenían derecho a ser felices porque, según decía aquel desesperado revolucionario de dos siglos atrás, Manuel Belgrano, la revolución y la política sirven para ser felices. Para que la felicidad no sea la propiedad privada de unos pocos.

El cronista sabe que una pareja de adolescentes, ella de quince años y él de diecisiete, antes de ser ejecutado, produce una postal que se repitió en decenas de los casi cuatrocientos centros clandestinos de detención que afloraron durante la noche carnívora. Ella le pide una canción de amor de despedida y él, entonces, elige cantar el himno nacional. Durante dos horas canta y canta aquello de vivir con gloria después de haber logrado que en el trono de la vida cotidiana esté la noble igualdad. Y es su canción de amor para la compañera y para los demás.

Y la memoria del periodista también sabe que una maestra que enseñaba a leer y escribir, a sumar y restar a los hijos de los mensúes en un paraje correntino es salvajemente estragada por sus cancerberos pero siete años después, cuando le dicen que se vaya, ella, la maestra que formaba parte de aquella generación de jóvenes trabajadores con ideas revolucionarias, ella decide volver a los montes para que las hijas y los hijos de los condenados de la tierra no sean engañados por ningún patrón.

Y también sabe que muchas mujeres parieron mientras les apuntaban con fusiles y que supieron que la osadía del sol al colarse por un hueco de una ventana de una sucia pieza iluminando el cuerpito de su hija era el principio de una victoria que parecía lejana.

Treinta y cuatro años después, esos miles y miles de sueños colectivos inconclusos están en las necesidades de las mayorías argentinas.

Porque el primer deber es ser felices en un país con justicia y democracia en serio. Porque ellos están ahí, en el interior de cada una de las urgencias cotidianas.

Por Carlos Del Frade

lunes, 8 de marzo de 2010

EL LUGAR DEL PROGRESISMO EN EL DEBATE



Por Alcira Argumedo

De eso no se habla

En las múltiples y turbulentas discusiones sobre el DNU, es sintomático el silencio acerca de las posibilidades existentes para obtener ingresos fiscales que no provengan del uso de reservas ni de ajustes en despidos, salarios y gasto social. Al mismo tiempo, se descalifica la necesidad de abordar una auditoría de la deuda pública, susceptible de establecer cuál es la proporción legítima y cuál la fraudulenta: remarcamos que se trata siempre de la misma deuda contraída por la dictadura militar; sólo ha sido sometida a numerosas y oscuras renegociaciones: Brady, Blindaje, Megacanje, Lavagna-Kirchner. Ante la propuesta de investigar la deuda, se acusa a Proyecto Sur de irracionalidad e irresponsabilidad: en estos mismos momentos el Parlamento de Brasil, con el aval del presidente Lula –al que nadie considera irracional e irresponsable–, está investigando la deuda brasileña de los últimos treinta años. Tampoco es irracional e irresponsable el presidente Rafael Correa de Ecuador, quien abordó una rigurosa auditoría: cuando los acreedores supieron que se habían registrado prolijamente todos y cada uno de los desfalcos cometidos, acudieron pronto a negociar aceptando el pago de una tercera parte de lo demandado. Ambos mandatarios cumplen así con la Declaración aprobada por el Parlamento Latinoamericano durante su reunión de Panamá en diciembre de 2008, que los delegados del gobierno argentino apoyaran, marcando el imperativo de investigar las deudas de nuestras naciones.

La actual deuda pública no es algo del pasado –como la de la Baring Brothers en el siglo XIX– en tanto continúa produciendo durísimas consecuencias para la gran mayoría de nuestros compatriotas. Baste tomar algunas cifras del Presupuesto nacional 2010, cuya revisión también propone Proyecto Sur: gasto público en Salud, 10.160 millones de pesos; gasto público en Educación y Cultura, 19.431 millones de pesos; pago de intereses de la Deuda Pública, 26.676 millones de pesos. Con el único requisito de saber sumar, puede comprobarse que los intereses de la deuda (solamente intereses) insumen casi el equivalente a la suma del gasto público previsto en el presupuesto para Salud y Educación este año, y tenemos por delante muchísimos años: los cálculos optimistas indican que, de cumplirse con todos los vencimientos anuales de intereses y capital, sin contraer más deuda, en el 2089 los argentinos que queden estarían a mano. Si ahora se pagaran los 25.000 millones de dólares de capital que vencen en 2010, significarían unos 100.000 millones de pesos adicionales: en total, cinco veces los montos destinados en el Presupuesto a Salud y Educación.

Nadie puede negar que el incremento de la pobreza y la precarización laboral, los dramáticos problemas de vivienda y salud, la crítica situación del sistema educativo son algunas de las secuelas directas del tratamiento de la deuda en las tres últimas décadas. Esto se denomina efecto continuado sobre la mayoría de la sociedad argentina –reforzando, entre otros aspectos, su carácter de “deuda odiosa”– y respalda la validez histórica de afrontar una auditoría como lo han hecho Ecuador y Brasil, reivindicando su dignidad nacional. Un contraste con las declaraciones del ministro Florencio Randazzo, quien durante un programa en TN afirmara que si bien todos sabemos que el 70 por ciento o el 80 por ciento de la deuda es ilegal, debe pagarse. Quede claro que Proyecto Sur no plantea un default: al igual que en Ecuador, es posible realizar ciertos pagos no cuestionados o depositar en el Banco de Basilea como consignación, mientras una Comisión Bicameral asesorada por peritos nacionales e internacionales investiga el conjunto del endeudamiento y su legitimidad.

Cuando se analizan otros aspectos del Presupuesto 2010, resaltan cifras de las cuales tampoco se habla: para subsidios del Estado a las corporaciones –entre otras Repsol, Panamerican Energy (British Petroleum y Standard Oil) o Barrick Gold– en regímenes de promoción, exenciones del impuesto a las ganancias y reintegros, están previstos unos 11.400 millones de pesos; además, según García (Página/12, 6/2/2010), se “permite a empresas hidrocarburíferas dejar en el exterior más del 70 por ciento de los montos exportados y a las mineras, el ciento por ciento”, sumado a “las utilidades y dividendos remitidos por las empresas de capital extranjero, que vienen creciendo aceleradamente”. Es posible comparar estos datos con el costo neto de 7326 millones de pesos en concepto de universalizar las asignaciones familiares; mucho menor que las dádivas a las corporaciones privilegiadas.

Silencio sobre otras fuentes potenciales de ingresos fiscales: si se restablecieran las contribuciones patronales de las grandes empresas (no de las Pymes) al nivel de 1993, cuando Cavallo las disminuyó drásticamente, la Anses recibiría unos 15.000 millones de pesos; un impuesto mínimo a las transacciones financieras aportaría otros 11.000 millones de pesos. El señor Cristóbal López y sus socios no pagan impuestos por los importantes beneficios derivados de la aberrante expansión del juego en todo el país; pero la señora de la villa que compra un kilo de harina, aporta el 21 por ciento. Silencio sobre la necesidad de gravar las ganancias extraordinarias, que alcanzaron el 50 por ciento anual para los bancos y varios grupos económicos, según señala el asesor jurídico de la CGT, Héctor Recalde, basándose en datos de la Bolsa de Comercio: en Japón las empresas consideran un gran éxito obtener ganancias cercanas al 10 por cento . Silencio sobre la inflación que carcome los ingresos populares y obliga a reconstruir un Indec en el cual pocos creen.

De este modo, si simplemente se restablecieran los aportes patronales, se anularan las prebendas a las corporaciones y se impusiera un mínimo gravamen a las transacciones financieras, el Estado tendría aproximadamente 42.000 millones de pesos, equivalentes a unos 11.000 millones de dólares, que casi duplican las reservas del DNU. En esta breve síntesis, esbozada como base para un debate serio y sin exacerbar conflictos, sobre el futuro de la Argentina en el marco de la actual crisis mundial (Zaiat, Página/12, 6/2/10), puede percibirse que Proyecto Sur no es funcional a los neoliberales ni promueve ajustes en los salarios y el gasto social (Bruschtein, Página/12, 6/2/10); más bien es posible preguntar quién es funcional al neoliberalismo. Somos una fuerza política comprometida con el interés nacional y el futuro de las mayorías sociales, en particular el de nuestros chicos y jóvenes condenados a la pobreza y la indigencia; no tenemos compromisos económicos con nadie ni estamos en oferta: nuestra decisión es hacer lo imposible por frenar el saqueo iniciado con la dictadura militar al costo brutal de 30.000 desaparecidos y sus consecuencias, el otro costo brutal en vidas humanas por hambre, miseria y enfermedades curables. Investigar la deuda fraudulenta es una forma más de reconstruir la memoria y revertir en parte aquello que denunciara Rodolfo Walsh en su ya mítica Carta a la Dictadura Militar.

martes, 2 de marzo de 2010

El drama y la Farsa


Mas sobre la deuda ilegítima...

En estos tiempos es pertinente recordar esa reflexión de Carlos Marx, cuando señala que la historia tiende a repetirse una vez como drama y otra como farsa: comparaba por entonces las experiencias en Francia de Napoleón Bonaparte y décadas más tarde, la de su sobrino Luis Napoleón. Asimismo es pertinente evocar los dichos de un filósofo del mismo apellido, Groucho Marx: “Estos son mis principios; pero si usted prefiere, tengo otros”. El tema se vincula con la reiterada cantinela de algunos críticos a Proyecto Sur, considerándonos integrantes de la nueva Unión Democrática, aliados de una derecha que estaría acosando al movimiento nacional y popular. Raro movimiento nacional y popular que, en el primer acto simbólico de los festejos del Bicentenario de nuestra Independencia, crea un fondo destinado a pagar la deuda ilegítima, como mérito para ser aceptado por el FMI y el capital financiero especulativo: aquí vale Carlos Marx. Rara igualmente la posición de ciertos intelectuales, economistas, cuadros políticos y periodistas, cuyos principios los llevaron a criticar duramente el modelo neoliberal -con su pilar fundamental en la deuda externa fraudulenta- y ahora coinciden con el gobierno y la oposición conservadora en la necesidad de “honrar la deuda”: aquí vale Groucho Marx.


La deuda externa fue contraída en forma escandalosa bajo la dictadura militar, al amparo de la impunidad sustentada en el terrorismo de Estado: cubierta de sangre y lodo, entre 1978 y fines de 1980 creció desde unos 7.800 millones de dólares a 45.000 millones, de los cuales 23.000 millones era deuda del sector privado, estatizada por el inefable Domingo Cavallo. Un hombre del establishment con la ductilidad requerida para ser funcionario de la dictadura, del gobierno menemista del PJ y del de la Alianza de la UCR con el Frepaso: los dos últimos, expresiones del bipartidismo que ahora se pretende consolidar con la Ley de Reforma Política. A pesar del concepto de “deuda odiosa” -definido por el presidente norteamericano William Taft con referencia a los préstamos otorgados a tiranías que deben considerarse ilegítimos y aplicado en 2003 a la deuda de Saddam Hussein en Irak- desde 1985 la deuda externa sería utilizada como el instrumento clave para imponer las políticas de ajuste del FMI y el Banco Mundial. Iniciadas con el Plan Austral de Alfonsín, durante los noventa las políticas de ajuste y despojo llegaron al paroxismo: en 1991 la deuda era de 60.000 millones de dólares y como forma de pago se enajenó el 90% del patrimonio estatal, junto a la caída de los salarios, el empleo y las jubilaciones, a la flexibilización laboral y a la restricción de los fondos destinados a políticas sociales, alimentando inéditos niveles de pobreza, indigencia, desocupación y sufrimiento: sin embargo, al finalizar la década se había incrementado a unos 120.000 millones. En julio del 2000 ingresaba al Parlamento el fallo del juez Jorge Ballestero quien, en base a las denuncias de Alejandro Olmos y después de dieciocho años de investigarla con peritos y expertos, establecía el carácter ilícito y fraudulento de la deuda. Salvo dignas excepciones, los legisladores guardaron un riguroso silencio que aún perdura. En esos meses, el “blindaje” de Machinea y el “megacanje” de Cavallo la incrementaron en 55.000 millones de dólares más, hasta que llegó el corralito. Aunque habían recibido de ellas ganancias gigantescas, los bancos extranjeros desconocieron las obligaciones de sus filiales y, al tiempo que se confiscaban las cuentas de pequeños y medianos ahorristas, salían hacia Ezeiza camiones cargados con 27.000 millones de dólares a fin de resguardar los depósitos de los grandes clientes: los “buitres” no son sólo los fondos designados con ese nombre; también son buitres, entre otros, el Deutsche Bank, el Citibank, el Bank of Boston, el Banco Francés, la Banca Morgan , el Banco Galicia, Shell, Esso o Aluar, beneficiados además con la estatización de su deuda privada en 1981.

Pero no se trata únicamente de aspectos financieros; las consecuencias sociales de la deuda dan cuenta de la desintegración de la sociedad argentina y de las profundas heridas que ha dejado en nuestro pueblo. En 1974/75 la población en condiciones de pobreza rondaba el 7%, ahora estamos en un 40% si se desechan las cifras del INDEC y la absurda medición de la línea de pobreza: una familia que gana menos de 1077 pesos mensuales es pobre, pero si recibe 1100 pesos dejaría de serlo. El 50% de nuestros niños y jóvenes menores de veinte años -unos seis millones- afrontan situaciones de miseria o indigencia. El 80% de los jubilados y pensionados cobran ingresos por debajo de esa línea de pobreza. La tasa de desocupación era de un 3% histórico, en estos días alcanza dos dígitos y el 40% de los empleos son precarios o en negro. En las evaluaciones de calidad educativa realizadas por la Unión Europea en 57 países del mundo, ocupábamos los primeros lugares y actualmente nos situamos en el puesto 51, superando sólo a Qatar, Túnez, Azerbaiyán y Kirguistán. Casi la mitad de los adolescentes entre 14 y 17 años ha desertado o no cursa el secundario: nivel de formación mínimo para acceder a un trabajo digno; lo cual, además de una injusticia, supone hipotecar el futuro inmediato de la nación. Sin mencionar las cuestiones de salud o vivienda, sobran los indicadores que demuestran la gravedad de la catástrofe social.

Cuando ante estas realidades contundentes exigimos una auditoría con el propósito de diferenciar la deuda legítima de la ilegítima y enviarla a la Corte Internacional de La Haya , se nos acusa de desgastar al gobierno como parte de la tan mentada Unión Democrática. El presidente Rafael Correa de Ecuador acaba de auditar su deuda y los acreedores aceptaron el pago de un 30% de lo exigido, dado el temor a que se evidenciaran en un juicio los manejos turbios comprobados. Además de los antecedentes del dictamen del juez Ballestero y de las tres causas que se están procesando en los tribunales, tomamos en consideración el accionar de los grandes bancos y los capitales financieros especulativos en los países centrales. Si fueron tan delincuentes que derrumbaron Wall Street, la economía norteamericana, la de la Unión Europea y la del Japón, junto a otras menores; si fueron cómplices de la quiebra de Enron, considerada por la revista Fortune como la empresa ejemplo del mundo durante los cinco años anteriores; si pudieron robarle los ahorros al propio Henry Kissinger; tenemos derecho a sospechar que con nosotros no fueron demasiado honestos. En consecuencia, la “contradicción principal” no pasa por pagar con reservas o con políticas de ajuste -en la versión oficialista o en la de la oposición de derecha- sino por una auditoria de la deuda externa, jerarquizando la deuda interna y un proyecto nacional capaz de revertir ese saqueo con sus duras secuelas o seguir actuando como un enclave colonial.

Dip. Nac. Alcira Argumedo

domingo, 21 de febrero de 2010

21 de febrero - Anniversario de la muerte de Sandino


"El hombre que de su patria no exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído. Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, mas que cualquiera, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota leal y sincero; el vínculo de nacionalidad me da derecho a sumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y, por ende, de la América Central y de todo el Continente de nuestra habla, sin importarme que los pesimistas y los cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode. Soy trabajador de la ciudad, artesano como se dice en este país, pero mi ideal campea en un amplio horizonte de internacionalismo, en el derecho de ser libre y de exigir justicia, aunque para alcanzar ese estado de perfección sea necesario derramar la propia y la ajena sangre. Que soy plebeyo dirán los oligarcas o sean las ocas del cenagal. No importa: mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y el nervio de la raza, los que hemos vivido postergados y a merced de los desvergonzados sicarios que ayudaron a incubar el delito de alta traición: los conservadores de Nicaragua que hirieron el corazón libre de la Patria y que nos perseguían encarnizadamente como si no fuéramos hijos de una misma nación.

Los grandes dirán que soy muy pequeño para la obra que tengo emprendida; pero mi insignificancia está sobrepujada por la altivez de mi corazón de patriota, y así juro ante la Patria y ante la historia que mi espada defenderá, el decoro nacional y que será redención para los oprimidos. Acepto la invitación a la lucha y yo mismo la provoco y al reto del invasor cobarde y de los traidores de mi Patria, contesto con mi grito de combate y mi pecho y el de mis soldados formarán murallas donde se lleguen a estrellar legiones de los enemigos de Nicaragua. Podrá morir el último de mis soldados, que son los soldados de la libertad de Nicaragua, pero antes, más de un batallón de los vuestros, invasor rubio, habrán mordido el polvo de mis agrestes montañas."


La Noche del 21 de de febrero, en Managua, el presidente Juan B. Sacasa agasajo en una cena al jefe guerrillero Augusto Sandino y a varios de sus lugartenientes. El festejo parecia el final de una larga y costosa confrontacion. Era eso, efectivamente, pero tambien era el prologo de una tragedia.
En medio de las luchas internas entre conservadores y liberales y sobre el telon de fondo de las intervenciones armadas norteamericanas en el pais, la figura de Sandino habia crecido a partir de 1926.
Sin embargo, la situacion internacional y la oposicion de los democratas llevo al presidente Hoover a buscar un arreglo politico y el retiro de las tropas yankees de Nicaragua.
Sobre esa base se celebraron acuerdos a principios de 1933. Sandino llego a declarar "Somos todos hermanos...ya no tendremos guerra, pues somos libres e independientes".
Sufrio varios desengaños a lo largo de ese año. Pero confiaba en el presidente Sacasa y a principios de 1934 viajo a Managua para concretar un nuevo arreglo. Culminacion de su gestion era la cena del 21 de febrero.

Al retirarse de la comida, Sandino y sus dos acompañantes -Estrada y Umanzor- fueron detenidos por tropas de la Guardia Nacional, cuyo jefe era Anastasio Somoza(quien poco antes se habia fotografiado abrazado a Sandino). Por orden de este Sandino y sus compañeros fueron ametrallados.
Ante sus oficiales, Somoza alego contar con la aprobacion de la embajada de E.E.U.U para consumar el crimen. Al mismo tiempo, otros efectivos de la Guardia Nacional masacraban a los Sandinistas acampados en Wiwili.
De nada valio la intervencion del presidente Sacasa. El mismo seria reemplazado mas tarde por Somoza que desde 1936, impuso en su pais el gobierno de una cruel dinastia.

jueves, 18 de febrero de 2010

Los señores de la montaña alta


Debido a que los medios nacionales no dicen una sola palabra de lo que está pasando en Catamarca, transcribimos una nota realizada por Carlos Del Frade:


El agua del río Andalgalá, palabra quechua que quiere decir “señor de la montaña alta”, inventó un oasis en el centro norte de la provincia de los cerros azules, Catamarca.

Allí se levantó la ciudad homónima que está en la base de la Sierra del Aconquija, rodeada de selvas subtropicales y más al norte estalla el llamado Salar de Pipanaco.

Casi quince mil almas viven en Andalgalá, tierra de aceitunas, duraznos, ovejas, cabras y muchos recursos minerales.

Lo que debería ser motivo de felicidad popular, termina siendo causa de dolores e impunidades.

Será que el verdadero señor de la montaña alta no es ni el río ni las hijas y los hijos del pueblo, sino los intereses multinacionales que se llevan lo parido en las entrañas de las sierras de fantasía.

El viernes 12 de febrero, los integrantes de la Asamblea El Algarrobo fueron rodeados por efectivos de la guardia de Infantería, el grupo Kuntur y la policía catamarqueña.

Doscientas personas entre las que había mujeres, chicos y abuelos dispuestos a defender el patrimonio colectivo del subsuelo de Andalgalá y exigiendo el derecho a “una vida digna y sana, a un ambiente libre de contaminación, diciéndole si a la vida y no a la explotación a cielo abierto del Nevado de Aconquija en manos de la empresa minera Agua Rica”, tal como decía el comunicado de la asamblea. La orden había partido del intendente, José Perea, y la fiscal, Martha Nieva.

Dos funcionarios que parecen funcionar a favor de los intereses de la minera Agua Rica que quiere explotar el cobre y el oro de la provincia desde el año 2003 y que ahora se encuentra en la etapa de construcción hasta 2012.

El propio intendente había dicho: “El 25 de febrero, caiga quien caiga, las máquinas van a llegar al yacimiento”. La respuesta fue una movilización que reunió a más de 4.000 andalgalenses en contra de la minería.

El lunes 15, “el conflicto terminó de estallar cuando una máquina tipo oruga retroexcavadora y 20 camionetas de la minera, con el apoyo de la policía, se dispusieron a atravesar el corte. La resistencia de los ciudadanos -que reclaman un plebiscito sobre la instalación de la minera- fue quebrada a balazos de goma, culatazos, gases lacrimógenos y detenciones. “Te tiraban a dos metros, no podían errarle” contó Aldo Flores.

Las crónicas dicen que “unos 300 integrantes de la asamblea El Algarrobo fueron reprimidos a media tarde por las denominadas fuerzas del orden en Chaquiago, donde la asamblea realiza un corte en el camino que va hacia la minera. El episodio mostró la entusiasta e indiscriminada violencia policial (contra mujeres, niños, ancianos), y terminó generando una pueblada durante la noche, con quema de la intendencia y otros ataques emblemáticos: contra las oficinas de la minera Agua Rica, el juzgado y la fiscalía, y el supermercado Los Mellizos propiedad de una proveedora de la minera”.

Como consecuencia de la represión, Raúl Guillermo Cerda, juez Electoral y de Minas de Catamarca, ordenó paralizar los trabajos en la mina de Agua Rica, como resultado de los incidentes registrados en Andalgalá.

Fundamentó la decisión, que rige hasta nuevo aviso, en la necesidad de “pacificar” a la comunidad. La empresa fue notificada.

La mina de Agua Rica pertenece al grupo canadiense Yamana Gold y ellos son los que se quieren convertir en los auténticos y nuevos señores de la montaña alta.

Sin embargo allí está el pueblo, los integrantes de la Asamblea de El Algarrobo dispuestos a defender el río, la tierra, el cielo y la vida porque no quieren convertirse en otro pueblo fantasma.

Porque ellos son los verdaderos descendientes del señor de las montañas altas.

Fuentes de datos:
Agencia La Vaca - RENACE - No a la mina

domingo, 7 de febrero de 2010

Tender puentes


Este es un extracto de un post publicado por Diego F. en su blog Mundo Perverso


(...)¿Y quién puede arrogarse la verdad revelada? ¿Quién dice qué sapo hay que tragarse y qué está en juego en cada situación? Mal que le pese a muchos verticalistas estos límites son internos de cada persona. Nadie puede imponerle a los demás su visión de la realidad. En algunos casos coincidiremos y en otros no, pero si el criterio de una persona es válido y respetable para algunos temas hay que bancarse que también lo sea para los temas en los que no estamos de acuerdo.

Yendo al grano: el tema de la ilegitimidad de una parte de la deuda externa y la necesidad de una auditoría en el Congreso es una convicción íntima a la que llegué después de investigar mucho y escuchar a muchas personas. Desde textos académicos de mi carrera hasta documentales pasando por diversos informes, artículos y opiniones de personas más que respetables todo fue ratificando y profundizando mi convicción. Y así lo expresé a lo largo de estos años que lleva el blog y lo pueden comprobar simplemente recorriendo el archivo. No es que ahora cambié mi posición para oponerme porque tuve una mala noche. ¿Quién se puede arrogar la potestad de la única interpretación de lo posible? ¿Quién define qué es lo posible y qué es lo utópico?

Y me molesta mucho la intolerancia de muchos compañeros. Me parece que hay demasiado poca tolerancia al disenso y que en sus mentes el mundo es binario y no hay matices. Ser independiente para algunos es un disvalor. Estás de un lado o del otro y no importa lo que creas desde siempre: tenés que dejar atrás tus convicciones y alinearte con nosotros porque somos los que sabemos. Ustedes son unos idealistas, puristas, infantiles, inmaduros políticamente, y nosotros somos la voz de la experiencia y sabemos perfectamente qué se puede hacer y qué no.

En muchos casos pasa por una cuestión de alineamiento acrítico con el oficialismo, un cheque en blanco. En otros pasa porque la vida los llevó a tener otras creencias, la creencia de que no hay nada que se pueda hacer y que hay que aceptar lo dado con resignación. Determinismo histórico puro. Somos colonia, qué le vamos a hacer. Hay que aceptar las cosas como vienen dadas porque somos impotentes de cambiaras. ¿Qué habría sido de la historia de la humanidad si todos pensáramos así? Probablemente seguiríamos bajo la teocracia medieval. El primer paso para que las cosas se puedan cambiar es sí o sí que las personas crean que las cosas se pueden cambiar. Sin esta creencia elemental estamos condenados a que nada cambie (recomiendo la discusión con MSC al respecto en los comentarios de este post). Como apuntó una amiga de la casa citando a Serrat "sin utopías la vida es un ensayo de la muerte".

Y me duele que gente que aprecio mucho, por no coincidir con la posibilidad empírica de hacer algo respecto a la deuda ilegítima, crea que los que sí creemos que se puede hacer algo decimos lo que decimos sólo para tranquilizar nuestras conciencias y que no nos cuesta nada decir una cosa o la otra. Y más aún que sigan insistiendo con la falacia del grupo "A" y grupo "B" y nos metan en la misma bolsa que la derecha. Porque con el mismo criterio de tomar un caso puntual y generalizar desde ahí, podemos sin dudas afirmar que el oficialismo en este tema forma la vanguardia del supuesto grupo A, coincidiendo firmemente con la derecha neoliberal y el establishment en que ya no se puede hacer nada con la deuda porque es tarde (a pesar de los amplios argumentos legales y antecedentes históricos que indican lo contrario) y que hay que pagar sin chistar. ¿Será que la derecha neoliberal y el oficialismo son los maduros realistas? (en los 90s nos decían que eran los eficientes y que el único camino al progreso era el propuesto por el menemismo).

Por supuesto que no creo que el oficialismo sea grupo "A", sólo trato de explicar que con el criterio que muchos oficialistas usan para impugnar toda idea con la que no se esté de acuerdo llegamos a conclusiones de ese tipo. Está perfecto que si realmente creen que no se puede hacer nada a esta altura (insisto: a pesar de los argumentos jurídicos y antecedentes históricos incluso recientes que dicen lo contrario) militen por el pago de la deuda sin chistar y por la impunidad de los responsables. No hay problema, en serio lo digo y sin chicanear; pero no pueden desmerecer a los que creemos que otro mundo es posible, que las cosas se pueden hacer de otra manera. Sin embargo estoy absolutamente convencido de que estas mismas personas serían la punta de lanza si mañana el gobierno anunciara que auditará la deuda externa en el Congreso. Y ahí todos buscarán argumentos y lucharán por convencer a los demás de que lo que dirán la derecha y los medios de comunicación acerca de los cucos que vendrían si auditaramos la deuda es una gran falacia, tal y como lo fue cuando Kirchner anunció una quita importante de una fracción de la deuda. Y el mundo siguió y los marines no vinieron y no nos caimos del mundo.

Evidentemente el criterio con el cual algunos miden lo posible es lo que desde las altas esferas del gobierno les dicen que es posible. Y me parece muy bien que tengan tanta confianza en sus lideres y que tomen por cierto que los límites son los que dicen que son; pero tienen que aceptar que algunos otros creemos que se puede actuar diferente y que los límites son otros. Y por supuesto, tienen que aprender a aceptar que eso no nos convierte en enemigos porque eso sería dinamitar todos los puentes que podemos cruzar en los momentos difíciles.

Personalmente me duele que haya tantos compañeros que creen que hay que resignarse y bancarsela porque ya es tarde. Me duele porque muchos de ellos tienen la capacidad y el conocimiento suficiente como para investigar los argumentos legales y antecedentes que demuestran que no es una infantilidad como sugirió Cristina al afirmar que ya no hay deuda ilegítima. Y no se trata como plantearon por allí de que nos den la razón en que la deuda es ilegítima, sería como esperar que nos den la razón en que la tierra es redonda y no cuadrada. Lo que por lo menos yo pretendo es respeto por las convicciones. ¿Qué habría sido sin convicciones de los juicios a los genocidas que se están dando? ¿Qué habría pasado si las madres de plaza de Mayo creyeran como ustedes que ya fue, es tarde para reclamos? ¿Y con la ley de medios? ¿De qué ley de medios estaríamos debatiendo si no fuera posible hacer nada al respecto, como decían antes del 2008 ante los reclamos históricos por una nueva ley de radiodifusión?

Y en este tema, el de la deuda, es importante entender que no se trata de un tema económico-técnico separado de lo que fue el genocidio militar de los 70's. Mil veces hemos expresado y fundamentado -incluso junto a algunos de los que hoy abogan por pagar todo sin chistar- que el objeto principal de las dictaduras neoliberales sudamericanas no fue combatir a ninguna guerrilla sino instaurar al costo que sea un modelo socioeconómico que se chupa los recursos soberanos al costo de miseria y hambre. Que los milicos de todo el continente (con complicidad de los civiles cipayos y mercenarios locales) contrajeron con los mismos tipos deudas impagables y fraudulentas para mantenernos en estado de colonia, ¿se le escapa a alguien?. Se chuparon mucha gente, y cometieron las peores atrocidades que el humano puede cometer para lograr esto. Como dijo el ex presidente estadounidense John Adams: "Hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación, una es con la espada, la otra es con la deuda"

La necesidad de la auditoría de la deuda externa es parte del mismo espíritu que viene luchando para esclarecer los crímenes cometidos por la dictadura para instalar este modelo colonial y para desarmar el andamiaje que Videla creó y legó a los herederos del proceso. Es necesaria porque en Argentina hay que saldar el pasado que todavía es presente. Porque no sólo mataron y torturaron a tanta gente para esto, esta deuda se pagó con el hambre del pueblo en democracia y al costo de muertes evitables que son imposibles de contar porque son muertes indirectas.

Y en serio lo digo, respeto a los que piensan que no hay que mirar atrás porque sé que una parte de ellos piensan que es el mejor camino posible. Y tienen tanto derecho a creer eso como nosotros a creer que es posible cambiar y desarmar el andamiaje creado por la dictadura y profundizado por la rata, Cavallo, de la Rúa y demás secuaces de los intereses foráneos. Pero lo que pido es que también respeten a los que buscamos hacer las cosas de otra manera. No nos traten como si fueramos estúpidos que no entendemos nada. No somos infantiles, no somos delirantes, y nuestras convicciones valen tanto como las suyas. Que se paren en una postura de superioridad a decirnos que el único camino posible es el pragmatismo ortodoxo huele demasiado al fin de la historia de Fukuyama.

Por último, ponernos en la bolsa junto a los antipatria, a los bolsiqueros de esta tierra, a los entreguistas, a los clarinistas, a los fascistas es un despropósito por donde se lo mire. Ustedes saben bien que no es así por más consignas que lancen y por más que se la pasen repitiendo que el oficialismo son los buenos y el resto del mundo los malos no es así. Por mi parte seguiré apoyando todos los avances de este gobierno, que no fueron pocos, y sería un buen gesto que en lugar de acusarme de traidor, de venderme a Clarín o de ser un lilito tengan memoria y recuerden que en los momentos más difíciles estuvimos codo a codo peleándola sin mezquindades. No hay que dinamitar los puentes, a pesar de los disensos con los que ustedes se empecinan en llamar grupo "A" (como si no hubiera mucho "grupo A" en sus propias filas) desde ese progresismo del grupo A se apoyaron medidas muy importantes del gobierno y en los años que se vienen van a necesitar ese y otros apoyos para poder seguir transformando el país. Cerrarse y ponerse a la defensiva atacando a todo el que no piensa exactamente como ustedes no sirve de nada a ninguna construcción. Por supuesto, hay falencias dentro de este progresismo y muchas veces hay declaraciones desafortunadas y en tonos que no contribuyen para nada a la unidad. Pero no se le puede pedir la perfección más que al fakir, nadie dijo nunca que es perfecto y el tema está en reconocer o no los errores y modificar las actitudes. Pero la confrontación sólo tiende a polarizar y los actores se retrotraen a la defensiva y al sentirse amenazados se endurecen las posiciones.

Los años que se vienen tienen que ser años de tender puentes, de sumar. No hay proyecto de país posible sin la unidad de fuerzas y hay que pedirle a nuestros dirigentes que hagan todo lo posible por acercarnos si queremos salir para adelante. No dejemos que los puntos de desacuerdo sean los que predominen: trabajemos en conjunto cada quien desde su identidad por por lo menos el denominador común.

miércoles, 13 de enero de 2010

Es posible y necesario Cambiar

La situación actual:

La Municipalidad de Venado Tuerto hoy está atravesando un momento muy preocupante, en todos los aspectos, sobre todo en lo económico.

Que hoy el municipio no tenga dinero ni siquiera para pagar los sueldos de los trabajadores no es ninguna novedad, y al mismo tiempo es muy grave en dos sentidos: por un lado los trabajadores empiezan a estar cada vez más inseguros sobre el futuro de sus fuentes de sustento; y por otro lado, es un ejemplo más que elocuente de la pésima administración de los recursos que se ha realizado en los últimos años, llegando a su punto más crítico en la actual gestión del intendente Freyre.

Unas semanas atrás el Secretario de Hacienda, Guillermo Imbern, reconocía públicamente que la municipalidad de Venado tiene una deuda de 45 millones de pesos; por otro lado, observando los presupuestos ejecutados en los últimos años, vemos que más del 60 % del presupuesto municipal se gasta en sueldos. Ahora la pregunta: ¿es posible separar estos datos del hecho concreto de que hoy ni siquiera se puedan pagar los haberes? Veamos



El origen:

La deuda de 45 millones de pesos que hoy tenemos todos los venadenses se originó durante los tiempos de De Mattia, cuando nos estafaron a todos con la construcción de la red de agua potable.

Scott ganó su primera elección a intendente denunciando con mucha astucia este robo, y algunas otras cositas que pasaban en la ciudad por aquellos tiempos, como por ejemplo el BID. Durante toda la campaña se la pasó gritando a los cuatro vientos que él iba a ser intendente para investigar a la gestión de De Mattia, y que si era necesario no pararía hasta meterlo preso. Nada de esto ocurrió. En algún momento hubo un pacto de silencio que aquietó las aguas y dejó todo como estaba.

La deuda original lejos de cancelarse fue creciendo año a año sin que se tomara ninguna acción efectiva frente al problema.

¿En qué influye actualmente esta deuda?: en que el municipio no tenga posibilidades de gestionar créditos blandos y a tazas razonables para llevar adelante obras ampliamente postergadas y necesarias para la ciudad; por ejemplo, cloacas para todo el sector norte de Venado.

Además de olvidarse rápidamente de todo lo que había denunciando durante los tiempos de campaña, Scott comenzó a imprimirle sello propio a la gestión. Así es que comienza la construcción de una tremenda red de clientelismo político, que una vez en marcha le aseguraría ser reelecto por dos veces, y luego también le brindaría el triunfo a Freyre.

Y por supuesto que para alimentar su creación debió comenzar a echar mano a los recursos de la municipalidad. Así es que a través de los años la municipalidad de Venado Tuerto se llenó de punteros oficialistas, de “amigos”, de conocidos, de “amigos” de “amigos”, y etc. Ninguna acción planificada y estructural podemos rescatar de los gobiernos de Scott, todo fueron “favores” y parches para zafar el momento y poder ganar las próximas elecciones. Bien aprendió esta forma de gobernar el actual intendente.



La continuidad del pacto de silencio:

Cuando Scott vislumbró, nuevamente con mucha astucia, que su ciclo como intendente estaba llegando al fin luego de doce años, decidió poner a jugar en primera a alguien que había estado preparando y fogoneando desde varios años atrás: José Freyre. No se trataba solamente de no perder la intendencia, sino también, y por sobre todas las cosas, de que ganara alguien muy cercano que asegurara sin ningún tipo de dudas la continuidad del ocultamiento.

De esta manera llegó Freyre a la intendencia, y por ello hoy le toca bailar con la más fea sin poder decir ni mu. Es en su gestión cuando están estallando todos los problemas que se vienen arrastrando luego de más de dos décadas de mala administración y malversación de fondos; de sobredimensionamiento de la planta municipal y total pérdida de efectividad en los trabajos que deben realizarse desde el municipio

Para José el fin justificó los medios, pero no se dio cuenta, o le restó importancia, al hecho de que la forma es contenido, de que los medios que se utilizan para llegar a algo son el fin en sí mismos. Y así es que hoy tiene que jugarse el cuero por tantos otros que ayer estuvieron, y ahora siguen el partido desde el cómodo sillón de sus suntuosas propiedades.



¿Cómo salimos de esto?

A esta altura la pregunta surge casi con desesperación.

En primer lugar consideramos que todos los venadenses nos merecemos conocer detalladamente cómo fue el proceso de endeudamiento y quiénes fueron los responsables, para que podamos aprender de lo que pasó y comencemos a tomar medidas que progresivamente puedan revertir la situación. ¿Podemos esperar el fin del ocultamiento de parte del actual gobierno? Parece que no, pero igual podemos comenzar a exigirlo con mayor fuerza. Es una cuestión vital para la ciudad.

En segundo lugar, no hay dudas de que hoy la ciudad necesita aumentar la recaudación. Pero este aumento de la recaudación no puede realizarse a los ponchazos y como salga. Toda la dirigencia local, y sobre todo los actuales concejales y miembros del ejecutivo, deben trabajar seriamente en el desarrollo de un Sistema Impositivo Progresivo para la ciudad, es decir, un sistema de recaudación donde paguen más los que más tienen. Y en este punto vemos con preocupación el último aumento aprobado por el concejo para las obras de alumbrado público, ya que se hace todo lo contrario, porque se aprobó un sistema regresivo donde pagan más los que menos tienen (3,4 % de aumento para el ciudadano común, y 1% de aumento para las grandes empresas). En este tema puntual dejó muy en claro el PRO, a través de César Merino, para qué va a utilizar su banca en el concejo: defender los intereses de los que más tienen.

Para terminar, y sin temor a parecer antipáticos, hay que decir algo: se debe descomprimir la planta de trabajadores municipales. Por supuesto que esto no puede hacerse de un día para el otro, y por sobre todas las cosas, no se puede dejar a nadie en la calle. Es decir, hay que descomprimir la planta municipal sin que se pierda una sola fuente de trabajo. Es difícil, por supuesto, tan difícil como pretender hacer política en serio, abandonando la práctica del parche sobre el parche.

Para que esto sea posible hay que tomar la decisión de comenzar a desarrollar Empresas Sociales de Calidad, en principio en dos sectores:



1) Pequeñas y medianas obras públicas: muchas veces la construcción de cordón cuneta o refacción de calles se termina tercerizando a empresas de afuera, cuando con asesoramiento y una buena formación estos trabajos podrían ser realizados por cooperativas de trabajo locales.

2) Diversificación de la producción alimenticia y posterior manufactura: desarrollar la producción de alimentos en los alrededores de la ciudad (cinturón verde) en principio para consumo en el mercado interno, y también apuntar al desarrollo a mayor escala de algunos productos que tengan alta rentabilidad y sean vendibles en otros mercados.



Martín González, Proyecto Sur de Venado Tuerto, 13/01/10

domingo, 3 de enero de 2010

La prioridad no son los acreedores


Frente al oprobio que supone presentar en el Bicentenario de la Revolución de Mayo un fondo de reservas para pagar una deuda que es a la vez expresión y garantía de nuestro sometimiento como país, planteamos:

a) El decreto 2010/09 es inconstitucional porque no puede modificar una ley.

b) Es imprescindible el tratamiento parlamentario y la revisión del endeudamiento argentino.

c) La prioridad no son los acreedores de la deuda pública sino las urgencias sociales y productivas de la Argentina.

d) En el presente dispositivo macroeconómico y monetario no existen las denominadas “reservas de libre disponibilidad”. Las reservas netas cubren hoy el 80% de los pasivos monetarios, y luego de los pagos cubrirán sólo el 65 por ciento.

e) Los $ 25.000 millones que resultarían liberados del Presupuesto 2010 frente a la decisión de pagar con reservas deben ser puestos en consideración del Parlamento para la definición de su destino.

f) Exigimos el replanteo del rumbo económico, productivo y monetario para hacer posible en ese marco la creación de un fondo con reservas que garantice un shock de inversiones que permita reorientar el modelo productivo de nuestro país.

Frente a esta decisión es imprescindible señalar:

1) Las urgencias de la Argentina no son los acreedores. Nuestro país exhibe innumerables urgencias sociales que en cualquier decisión sensata deberían estar privilegiadas antes que los intereses de los acreedores. Desde los problemas de empleo hasta los de la infraestructura social básica (deficiencias notorias en los accesos al agua potable, desagüe, cloacas, gas, electricidad, vivienda), pasando por los deterioros en los servicios sociales (salud, educación, previsión). Uno de cada tres argentinos es pobre y uno de cada dos menores también lo es.

2) Es impostergable encarar una revisión de la deuda. Hay que aprovechar el marco internacional de crisis para encarar una renegociación, tanto en términos de su legalidad, como con el objeto de minimizar los pagos (ya sea reduciendo su valor, consiguiendo plazos de gracia, discutiendo el nivel y las tasas de interés).

3) El decreto evita un debate necesario. Más allá de que es inconstitucional porque modifica la ley 23.928, el oficialismo revela la voluntad de evitar el debate parlamentario sobre la racionalidad y legalidad de esta medida. En efecto, en el marco de la nueva composición parlamentaria, donde el oficialismo ha perdido la mayoría, la decisión de enviar un decreto y no una ley; y al mismo tiempo intentar mantener el control en la Comisión Bicameral de Seguimiento de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), que es la que debe expedirse sobre la legalidad del decreto, son expresiones de la debilidad de consenso que conlleva la decisión oficial.


Dip.Nac. Claudio Lozano